Lo que se construyó en un día aguantó 28 años en pie. Está claro que las cosas se hacían mejor antes, con mano de obra cualificada y mejores materiales… Bromas a parte, el 9 de noviembre de 2009 se convirtió en el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín / muro de protección antifascista (ja!) / muro de la vergüenza.
Como no podía ser de otra manera, la capital alemana celebró el aniversario por todo lo alto. Nadie quiso perderse la Fiesta de la Libertad celebrada en la puerta de Brandeburgo y los alrededores del Reichstag pese a la fina lluvia que cubría la ciudad.
¿Y qué mejor manera para celebrar algo? Música en vivo y en directo, y además, gratis.
Daniel Barenboim fue el primer artista en aparecer en escena. Y no es una casualidad. La historia de este tipo es bien curiosa: nació en Buenos Aires, su familia es judía de origen ruso, está nacionalizado como español e israelí y cuenta con la ciudadanía palestina.
En julio de 2001, dirigió la ópera de Wagner Tristán e Isolda en el festival de Israel. En un principio la gente empezó a protestar tachando a Barenboim de nazi y fascista puesto que Wagner, antisemita reconocido, era el compositor preferido de Hitler, y su música fue utilizada para la propaganda nazi. Tras los abucheos del público, Barenboim aceptó modificar el repertorio de la obra pero, una vez finalizado el concierto, concluyó en hebreo que iba a interpretar la pieza de Wagner y que, a quien no le gustara, podía abandonar la sala. Recordando que en una rueda de prensa de la semana anterior sonó un móvil con una melodía de Wagner, el pianista y director de orquesta preguntó a los asistentes: «Si está permitido escucharla en el timbre de un teléfono, ¿por qué no podemos interpretarla en una sala de conciertos?». Además, un tipo de familia judía y nacionalidad israelí no puede ser antisemita, no cuadra.
Pero la elección musical de ayer no ayudó mucho, menos mal que fue mejorando a medida que avanzaba el concierto: inició el musical con Wagner (demasiado pro-germano), prosiguió con una pieza de Schönberg (que alude al inicio del Holocausto judío), ‘relajó tensiones’ con Beethoven (un alemán de lo más normal políticamente hablando) y concluyó con una pieza compuesta para la ocasión por Goldmann, un famoso compositor de la Alemania Oriental (RDA), titulada Es como si alguien hubiera abierto con fuerza las ventanas.
Posteriormente actuó Plácido Domingo, que junto a Barenboim, interpretó la marcha popular de Paul Lincke (El aire berlinés). Basta de música clásica. Llegó el momento de la música pop con Bon Jovi en escena. Fin de la música en directo. Acto seguido, 1000 fichas gigantes de dominó formaban el simbólico muro; una tras otra, las fichas empezaron a caer. Un bonito gesto de recuerdo seguido de una fiesta pirotécnica en el cielo.
100.000 personas disfrutaron en directo de este espectáculo visto ahora desde la lejanía, adornado con música celestial, un muro divertido y luces de colores en el cielo. Obviamente, nadie se olvidó ayer de los llantos de la gente separada, del terrible muro gris de 4 metros de alto y 155 km de largo y del sonido de los aviones que custodiaban y cercaban las dos zonas aisladas la una de la otra.
Con la caída del muro se consiguió la unificación de Alemania y el comienzo del fin de la Guerra Fría. Sin duda un paso gigante para la humanidad. Pero líderes políticos del mundo, no os relajéis. Dejad de conmemorar aniversarios felices y centraros en acabar con el resto de muros ideológicos, políticos, culturales y económicos que invaden nuestro planeta. Ahí lo dejo.