Cuando una persona es consciente de lo que puede llegar a conseguir, de las ilusiones que genera y de las alegrías que puede ofrecer a los demás, cuando uno confía en sí mismo y en sus posibilidades, logra todo aquello que se propone. Y cuando no es una única persona la que tiene esos sentimientos sino que los comparte con un grupo de unas 20 personas, mejor todavía.
Eso es lo que les sucede a los hombres de Guardiola. Tras haberlo ganado todo -varios de ellos han sido en dos años dos veces campeones del mundo- y haber batido todos los récords, nadie tira la toalla ni mira para atrás. Vivir del pasado es de cobardes. Afrontan cada reto con la mayor de las ambiciones, como si no hubiera mañana, como si la competición llegara a su fin. Y consiguen lo que ningún otro equipo es capaz de conseguir porque nadie cuenta en sus filas con tantísimos jugadores, habituales o no, de tanta calidad.
Mientras Thiago bordó el partido y Afellay demostró que poco a poco se está convirtiendo en uno más del equipo, la ausencia de Xavi apenas se notó gracias a la inmensa actuación de Mascherano. Keita, todavía por renovar, estuvo como siempre, atento y participativo mientras que las bajas de Abidal y Puyol quedan en un segundo plano por la grandeza de Busquets.
Los laterales estuvieron más que cubiertos por dos brasileños, Adriano y Alves, que saben muy bien lo que tienen que hacer. El primero chuta a puerta en cuanto tiene la ocasión y defiende la pelota como el que más mientras que el segundo recorre el campo de punta a punta en pocos segundos para defender y atacar como si jugara solo contra el rival.
La entrada de Messi hizo brillar algo más a Iniesta mientras que se hubiera agradecido la entrada desde el inicio de Bojan, participativo, por Villa, inexistente, sólo reconocible en un lanzamiento a puerta. Un caso extraño el de esta pareja. Mientras el asturiano cuenta seis partidos consecutivos sin ver puerta y su caso cada vez se asemeja más al de Ibrahimovic la temporada pasada, el de Linyola se crece a final de temporada y, aunque ayer no marcó, busca desesperadamente convertirse de nuevo en el centro de atención.
Sin embargo, ese centro de atención ayer estuvo eclipsado por dos hombres. Un providencial Valdés que, hasta con la suerte de cara, saca de forma magistral un balón potentísimo que hubiera desembocado en empate. Atento, seguro y previsor como el que más, el ayer capitán del Barça culminó uno de sus mejores partidos esta temporada. Y todo sin despeinarse pese a lo soporífero que debe ser para él en ocasiones defender la portería blaugrana.
Y como no, el otro gran protagonista de la noche fue Gerard Piqué. Un hombre que hace un par de meses hacía desconfiar hasta a sus más fieles seguidores de su concentración sobre el terreno de juego y que, después de hacer pública su vida sentimental, ha vuelto a ser el que siempre ha sido, uno de los pilares fundamentales del equipo.
Su envergadura, juventud y bagage le convierten en uno de los mejores centrales de Europa. Rara vez se le escapa un rival y no hay balón que no defienda con todas sus fuerzas. Si además de joven, guapo, futbolista, modelo y novio de una famosísima cantante que cobra unas 10 veces más que tú consigues desencallar un partido que, pese al dominio absoluto de tu equipo, sigue estancado, y que supone aumentar la distancia respecto al máximo rival a 8 puntos en una de las salidas más complicadas en lo que resta de temporada, no le puedes pedir más a la vida.
Si además eres sincero, proclamas a los cuatro vientos que estás felizmente enamorado y bordas tus comentarios en tus últimas apariciones públicas, ya tienes mucho ganado. Para colmo si ese estupendo gol llega dos semanas antes de verte las caras con el Real Madrid en su estadio dedicándoselo a tu compañero Abidal, a 18 días de la final de la Copa del Rey y con una difícil eliminatoria de Champions por en medio, disfruta del momento y sigue confiando en tí mismo porque, sin duda, la suerte está de parte de Gerard Piqué.
Ahí lo dejo.