Lo que empezó siendo un ‘capricho’ de cuatro jóvenes se ha convertido en una de las movilizaciones más importantes de la juventud y de la población en general en los últimos tiempos. Gracias a la ineptitud del gobierno y del resto de partidos políticos, a la falta de ideas y de recursos para salir definitivamente de la crisis y crear empleo y a la multitud de recortes que están acechando a diversos sectores, la sociedad se ha plantado y ha dicho basta.
Ha dicho basta hasta tal punto que, tras varios días de concentraciones y acampadas en diversas zonas neurálgicas de diferentes ciudades de España, se ha creado todo un espacio de reflexión y exposición de ideas apelando a las asambleas romanas al más puro estilo de la democracia directa entre los comisionarios y los ciudadanos presentes en la Plaza Catalunya de Barcelona.
Todo empezó sin recursos, sin una estructura planificada ni un plan concreto. La cosa sigue con la zona de la plaza dividida en varios puntos con lavabos públicos, una cocina, una carpa en la que abundan los productos y útiles de limpieza, una zona de comunicación para la prensa… Pero sobre todo, y ante todo, lo que más se contempla en la zona es diálogo, respeto y fuerza.
Diálogo entre los jóvenes y los no tan jóvenes, que participan de forma exhaustiva en los debates que se organizan a lo largo del día al ver como se evaporan todos los derechos y privilegios que lograron con su esfuerzo hace años. Respeto porque la multitud es capaz de ocupar el ancho y largo de la plaza, en plena noche, y escuchar detenidamente a los comisionarios con el micrófono en la mano. Y fuerza, la fuerza que les impulsa a seguir con la ‘revolución’ para que su voz sea escuchada y que todo el trabajo realizado a lo largo de estos días no caiga en el olvido.
Muchos no entienden el por qué de la aacmpada. Ni siquiera conocen los ideales que empujan a miles de personas a concentrarse día tras día en el mismo punto ni se sienten representados. Pero lo que sí sabe todo el mundo es que no podemos seguir en la situación de precariedad en la que nos encontramos. Por eso los más jóvenes se mezclan y dialogan con los más mayores, para alzar la voz y reclamar que no podemos seguir así. A ver qué sucede en las próximas horas.
Ahí lo dejo.